Cuchillo y tenedor

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Cuchillo y tenedor

El tiempo corta la vida con cuchillo y tenedor

El tenedor te clava a la cruz, el cuchillo te parte en dos: el pasado consumido y el adiós. La sangre vieja supura miedo. Los ojos gachos, La dama de la hoz. Tristeza entre girasoles, amor en el rincón. Lágrimas sin agua, piel sin calor.



El tiempo corta la vida con cuchillo y tenedor

No gires la cabeza y te conviertas en Lot. No mires el horizonte de alienígenas o quizás de un Mad Max II. Vive el presente, el hoy. Blande tu espada sobre la cabeza de un cisne negro; el lago grita miserias. El fondo es un légano de arenas movedizas. Agujero eterno, mentiras entrelazadas en un paso a dos.




El tiempo corta la vida con cuchillo y tenedor

Siéntate a la mesa. Degluta manjares. Olvida pesares. Olvida el olvido. Olvida el miedo al dolor. Matrioska diluida en alcohol. Muñeca rusa que se abre de nuevo. Espejismo mancillado por la verdad y el horror.



El tiempo corta la vida con cuchillo y tenedor

No te mientas a ti mismo, eres lo que has sido. Lo que nunca quisiste. Lo que odiabas en otros. El retrete manchado de excrementos. Pantalones caídos. Piel arrugada. Huesos de cristal. Órganos encogidos. Cerebro hueco. Hastío. Dolor.



©Anna Genovés
11/11/2017


Blonde Redhead - For The Damaged










Cuchillo y tenedor

El tiempo corta la vida con cuchillo y tenedor

El tenedor te clava a la cruz, el cuchillo te parte en dos: el pasado consumido y el adiós. La sangre vieja supura miedo. Los ojos gachos, La dama de la hoz. Tristeza entre girasoles, amor en el rincón. Lágrimas sin agua, piel sin calor.



El tiempo corta la vida con cuchillo y tenedor

No gires la cabeza y te conviertas en Lot. No mires el horizonte de alienígenas o quizás de un Mad Max II. Vive el presente, el hoy. Blande tu espada sobre la cabeza de un cisne negro; el lago grita miserias. El fondo es un légano de arenas movedizas. Agujero eterno, mentiras entrelazadas en un paso a dos.




El tiempo corta la vida con cuchillo y tenedor

Siéntate a la mesa. Degluta manjares. Olvida pesares. Olvida el olvido. Olvida el miedo al dolor. Matrioska diluida en alcohol. Muñeca rusa que se abre de nuevo. Espejismo mancillado por la verdad y el horror.



El tiempo corta la vida con cuchillo y tenedor

No te mientas a ti mismo, eres lo que has sido. Lo que nunca quisiste. Lo que odiabas en otros. El retrete manchado de excrementos. Pantalones caídos. Piel arrugada. Huesos de cristal. Órganos encogidos. Cerebro hueco. Hastío. Dolor.



©Anna Genovés
11/11/2017


Blonde Redhead - For The Damaged




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Vera Carmona: Absolutely Atomic

Hace unos meses, por casualidad, vi un tráiler de Atomic Blonde (Atómica interpretada por Charlize Theron), y le dije a mi marido como una quinceañera azorada:

–Acabo de ver el tráiler de una película de Charlize Theron que sale de espía y me ha recordado un montón a mi Vera Carmona –la prota de las novelas Tinta amarga y Las cicatrices mudas—. Dime que me llevarás a verla, ¡por favorrrr…!!!

–Bueno, ya veremos –me contestó sin dejar de mirar el fútbol.

O sea, como si no le hubiera dicho nada, pensé de inmediato.

–Lo tengo claro –comenté por lo bajini con el morro torcido.

Poco después, llegaron las primeras críticas e insistí…

–¿Te acuerdas de la película de Charlize Theron que quiero ver? –le pregunté mientras enviaba un WhatsApp a un amigo.

–¿Qué, qué…??? –interpeló como si le hablara en chino.

–Nada hombre. Toma lee tú mismo –le solté un poco cabreada.

Le metí la revista Fotogramas, literalmente, por la nariz. Él hizo un respingo para mandarme a tomar por viento. Pero, justo en ese instante, vio a la guapísima actriz en todo su esplendor y se quedó boquiabierto.

Lo vi cómo devoraba el artículo de ‘pe a pa’. Le dejé que admirase con detenimiento las curvas del bellezón, emocionada; estaba segura que iba a conseguir mi propósito, lo demás no importaba. Cuando acabó, volví al ataque, un tanto dulzona.

Ciertamente, gané la partida.

Ayer fuimos a ver la dichosa película que me tenía hipnotizada y… ¡nos lo pasamos en grande!

Los pensamientos de mi compañero escapan un tanto a mi raciocinio. Tampoco me importan demasiado, no voy hacer como en algunas redes sociales o en ciertos grupos que corean ser los más progresistas, para luego estar llenos de perjuicios y opresiones. No. 'La Genovés' pretende ser una persona tolerante y respetuosa. Y, por lo general, logro mi empeño. Algo que me sienta bien; por lo menos estoy en paz conmigo misma.

A lo que iba… Atomic Blonde, me gustó un montón. Fuera porque me agradan las chicas duras, por la música remembre de los 80 que suena durante todo el film, por el vestuario de un pasado perdido en la memoria, por el magnífico elenco de actores, o, simplemente, porque Charlize es una espía despiadada, explosiva, letal, sensual y feminista, capaz de introducirse en cualquier personalidad, por heterogénea o depravada que pueda ser, para conseguir su finalidad. Y que, además, piensa: “Si ellos pueden, nosotras también".

Es obvio que me recordó un montón al personaje principal de los neo-noir que están de PROMO en Amazon durante este mes de octubre de 2017. El escenario y la trama, nada tienen que ver; en Atomic blonde hay alemanes, rusos y americanos. En Tinta amarga y Las cicatrices mudas: españoles, árabes, rusos y americanos, entre otros figuras que pululan por el lumpen cañí Made in Spain.

Atomic blonde se basa en un suceso político-histórico. Mis novelas en hechos ficticio-mafiosos. Pero ella, Lorraine Broughton (Atómica), física y mentalmente, se parece muchísimo Vera Carmona, la protagonista de Tinta amarga y Las cicatrices mudas.

Si me preguntáis cuál de los dos neo-noir de mi cosecha me agrada más, no tengo ninguna duda. Contestaré: Las cicatrices mudas. ¿Por qué? Porque tiene mejor factura.

Por este motivo, quiero compartir con vosotros el inicio de la misma...




ANNA GENOVÉS
Las cicatrices mudas

Copyright © 2015 Anna Genovés
Todos los derechos reservados a su autora
Autora: Anna Genovés
Título: Las cicatrices mudas
Serie: Thriller neo-noir (volumen 2)
Propiedad Intelectual
V ― 489 ― 14
ISBN-10: 1517129850
ISBN-13: 978-1517129859
ASIN: B014OGOI3K




Dedicado a Jon Alonso,
amigo, compañero y esposo

«La guerra es la mejor escuela del cirujano».

Hipócrates



Sobre los personajes

Vera Carmona, la Espía, es una agente del CNI en la reserva que ha trabajado como infiltrada en diversas misiones internacionales. En la última, llamada Operación Tatuador u OT, actuó con diversos cuerpos de la ley para desmantelar una red de tráfico de drogas y pornografía en la que estaba implicado el comisario del CNP, Antonio Velasco. Días antes de comenzar la última fase, es víctima de un atentado en el que, tanto ella como su hija, sufren lesiones graves; la vida de ambas corre peligro. Por este motivo, cambian de identidad y viven en el anonimato. Públicamente, han fallecido.

Juan Utrera es un ex agente de asuntos internos, cooperante del CNI con un futuro prometedor. Misión: atrapar a los policías corruptos. Tras la supuesta muerte de Vera Carmona, compañera y amante, es reubicado en la comisaría de Sevilla-Centro como oficial de la sección de Homicidios y Desaparecidos. Cercano a la cincuentena, es un inspector que ha cambiado su ojo de lince por una silla con ruedas giratorias tras el escritorio. Tiene buena mano para descubrir a rateros de poca monta y habla de tú a tú con todo tipo de traficantes.

Carlota Vera Mojón Carmona, hija de La Espía y Manuel Mojón, es una muchacha osada, resignada e inteligente, educada por su abuela al margen de la ocupación materna. Al descubrir la verdad, tras el atentado en el que estuvo a punto de morir, comienza una nueva vida. Con su nueva documentación accede al CNI y suplanta el rol de La Espía. En una de sus primeras misiones, se infiltra en la última fase de la OT en Qatar con el nombre de Tania Pérez. Finalizado el trabajo, le quedan unas semanas para regresar a España.

Antonio Velasco es un personaje oscuro y violento. Chico de los recados de mafiosos y delincuentes. Ahijado de un capo sevillano de los 60 que lo introdujo en el CNP para su beneficio. A falta de descendencia, ocupó su lugar después de su muerte. En la década siguiente, amplió el círculo delictivo hasta Asia. Veinte años después, se convirtió en el comisario más corrupto y poderoso de España. La Espía descubrió el entramado ilegal de sus negocios; razón por la que intentó asesinarla en el atentado que cambió su vida para siempre. Actualmente, en paradero desconocido.



1

Tania Pérez está mirando la excelsa panorámica de Doha desde el ático de la suite privé del Doha Marriott Hotel. Las cortinas están recogidas y una luna mayestática ilumina el golfo Pérsico; los yates del puerto deportivo, los rascacielos iluminados, y, en el fondo lejano e invisible donde solo su imaginación reside, la antigua Persia. Desde el sur de Irán, traza una línea imaginaria y recta que atraviesa Pakistán e India hasta llegar a China. Con los pensamientos centrados en el lejano Oriente, se enciende un Virginia Slims, y se recuesta sobre el confortable diván de brocado grana. Un folio de tonalidad cáscara de huevo con el encabezado del hotel, junto a una estilográfica Marte de Omas, reposan sobre sus piernas. Las volutas de humo se convierten en pequeños círculos que ascienden hasta el techo. Cuando acaba el pitillo, coge la pluma y comienza a escribir una carta:

Madre:

Espero que estés bien, aunque desconozco por qué te lo pregunto, siempre me contestas: «Mejor que nunca, hija.» Nunca me lo creo, claro. Bueno, tú misma. Estoy entrado en una fase vital; ciertamente, he decidió retirarme. El CNI me ha propuesto que sea instructora de los nuevos cachorros, pero necesito un cambio radical... En unas semanas, regresaré a España. La última fase de la misión que tú comenzaste en Sevilla, está a punto de finalizar en Qatar. Estoy segura que la península arábiga es solo una pieza del gran puzle que mueve el tráfico ilegal desde el Pacífico al Mediterráneo. Y desde nuestro país, al resto del mundo. La Operación Tatuador seguirá en China bajo el nombre de Operación Dragón u OD, ya sabes que siempre utilizamos acrónimos para mencionarlas. Pero yo no estaré implicada. Enviarán a otro agente al verdadero centro neurálgico: Shanghái. Desde esa monstruosa ciudad, se manejan todos los hilos.

Por otro lado, ya sabrás que me he separado. Mi ex marido es solo un vividor adicto a la cocaína, el alcohol y, cómo no, a las jovencitas; ambas sabíamos que era un matrimonio de convencía ex profeso para vigilar Qatar de cerca. Sea como fuere, he vivido a cuerpo de reina en un país sexista y ultra religioso, que únicamente mira a Occidente para su conveniencia: somos los idiotas que les proporcionamos algo más del 10% del producto interior bruto en turismo. Además, los cataríes son depravados y pretensiosos: los amos del petróleo; no los aguanto. No hace falta que me preguntes si he visto algún miembro yihadista entre los círculos aristocráticos en los que me he movido. La respuesta es rotunda: no.

De repente, suena el móvil de Tania. Al mirar el número, tuerce el morro: responde al nombre de Lucía Bvlgari, pero en realidad, es el CNI. Minutos después, recoge sus enseres y se marcha de la suite. Guarda la carta sin acabar en un compartimento especial donde está la copia del diario de su madre, y otras notas: todas destinadas a su progenitora. Mensajes comprometidos que una agente secreto nunca debería redactar. Ella lo ha hecho, pero nunca las ha enviado.

******

Sigue leyendo Las cicatrices mudas 


Similitudes entre Lorraine Broughton, la espía de Atomic Blonde y Vera Carmona, la espía de Tinta amarga y Las cicatrices mudas.





Ya lo veis: el paralelismo está servido.

Lo sé, soy gilipollas. Creo que, a lo mejor, algún día, un facundo director o guionista con cierta notoriedad en el mundo del folclore pata negra, puede leer mis noveluchas por casualidad, y decir: “Si la customizamos para la pequeña o gran pantalla, tenemos una Lorraine Broughton sevillana.

Bueno, como dice el refrán: “De ilusión también se vive”.

Estáis invitados a leerlas... para bien o para mal, no os dejarán indiferentes y os entretendrán un buen rato. Igual hasta os lleváis una grata sorpresa. Gracias.

Tinta amarga y Las cicatrices mudas de PROMOCIÓN en Amazon hasta final de mes. Echarles un vistazo y opinad vosotros mismos…

Enlace Tinta amarga





David Bowie - Cat People (Sub. Español)








Promoción novelas Tinta amarga y Las cicatrices mudas

En octubre Amazon celebra el mes de los escritores independientes. Por este motivo, contactan con los autores cuyos libros digitales tienen cierta repercusión…, para saber si les gustaría participar en dicha festividad con los eBook que han elegido. El autor tiene que dar su consentimiento de venta con un 50% u 80% de descuento del precio habitual.

Ni soy ni me considero una escritora de primera fila; es más, mis ventas son pírricas. Sin embargo, sé que todas mis novelas están hackeadas.

En fin, Amazon me pidió participar y ahí están los dos libros de la colección neo-noir por tan solo 0’99€. No lo pedí yo. Me lo pidieron ellos. Por algo será... Además, acaban de enviarme otro email par indicarme que foman parte de la selección permanente del mes. ¡Hurra!

Si os apetece leer Tinta amarga o Las cicatrices mudas por tan solo 0.99€ ahora tenéis la oportunidad. La lectura de las primeras páginas es gratuita. Muchas gracias.



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Kendra Morris "Banshee" (Lyrics Video)




¿Qué hago?


No lo sé






Qué hago con el agua que no llueve

El hielo que no congela

El sol que no calienta

La tierra que no siembra

¿Qué hago?

No lo sé






Qué hago con los ojos que no ven

La boca que no habla

Los oídos que no callan

Las manos que no acarician

Los pechos de la mujer

¿Qué hago?

No lo sé




Qué hago si me besas y no sientes

Si tu glande me penetra sin goce

Si tus niñas no reflejan las mías

Si tu suspiro no me dice: ámame

¿Qué hago?

No lo sé








Qué hago si el mundo se derrumbara

Y me acompaña la tumba

Los cipreses erectos

Las uñas nacaradas de los muertos

Los cabellos al viento

La mentira de la vida en un vaso de café

¿Qué hago?

No lo sé




¿
?
¿?
¿??
¿???
¿????
¿?????
¿??????????????
¿?????
¿????
¿???
¿??
¿?
¿
?

©Anna Genovés

22/09/2017


Nothing in my way - Keane (Subtitulado)






Mr. Mercedes

Ha llegado a las pantallas la novela policiaca de Steven King ‘Mr. Mercedes’ con una adaptación un tanto libre cuyo paralelismo con los últimos atentados, resulta, cuanto menos, siniestro.

No es la primera vez que, el mago de las letras, vaticina lo que puede suceder... Da igual quiénes muevan las cizallas, las víctimas son siempre las mismas. Los ciudadanos de a pie: los inocentes.



Magistralmente interpretada por un grandísimo Brendan Gleeson, versus detective jubilado acabado y obsesionado por un caso sombrío e irresoluto. Y Harry Treadaway, un asesino psicótico con rostro angelical y rasgos aniñados, que ya apuntaba maneras como el jovencísimo Víctor Frankenstein de ‘Penny Dreadful’. Se presenta como una de las mejores apuestas televisivas del año.




Un paso dentro la mente de Mr. Mercedes (subtitulado)

Mr. Mercedes

by on 18:18:00
Mr. Mercedes Ha llegado a las pantallas la novela policiaca de Steven King ‘Mr. Mercedes’ con una adaptación un tanto libre cuy...




Enchufismo, enchufados y enchufadores



Basado en hechos reales

Enchufismo: dícese de la acción por la cual determinadas personas se ven beneficiadas de algo sin méritos propios.

Enchufados: aquellos semejantes que, por lazos de amistad o sangre, se aprovechan de algo que no merecen.

Enchufadores: benefactores de terceras personas, por vínculos fraternos o de parentesco, para que accedan a un lugar apetecible sin la acreditación necesaria.

Pese a escribir sobre femmes fatales y cargarme o calzarme al más pintado, en el momento del suceso seguía creyendo en la igualdad de oportunidades y en el Estado de derecho español. Y, ciertamente, me comí un marrón bastante desagradable. El asunto se desarrolló de la siguiente forma…

Estaba en la cinta del gimnasio cuando sonó el móvil. Algo extraño porque nunca me lo llevo al deportivo, y si lo hago, lo dejo en la taquilla. Pero ese día estaba destinado a ser especial: victorioso o catastrófico; según se mire. Dos parámetros insólitos confluían simultáneamente:

1.                     Llevaba el móvil.
2.                     Lo había sacado de la taquilla para arrástralo conmigo por esa carretera perdida que transitaba bajo mis pies.

Como pude, descolgué y pregunté una tanto sofocada:

 ¿Digaaa…??? 

El zumbido de la música gruñía en mis tímpanos y las cuerdas vocales vomitaban los monosílabos que exhalaba mi cansada hechura. Hice un esfuerzo sobrehumano para escuchar las palabras que salían del Smartphone.

 ¿Es usted Ana María Genovés Badenes? –preguntaron.

El respingo mecánico de mi cuerpo por casi me deja hecha papilla sobre el asfalto de poliuretano que recorría. Hacía tanto tiempo que no escuchaba mi nombre completo que me sonaba a chino. Tras una pausa, contesté de mala gaita pensando que era una compañía telefónica a la caza del incauto de turno:

 La misma –¡chicos! Me equivoqué de lleno. Lo supe cuando la interlocutora dijo:
 La llamo del INEM.

Una ráfaga olvidada en el retículo más profundo de mi cerebro, brilló. Pensé en los años de curro en televisiones, colegios, polideportivos, boutiques y un largo etcétera... Volví en sí como el badajo de la campana que recibe el Ángelus. Entonces, pregunte:

 Usted dirá, señorita.
 ¿Estaría interesada en una oferta laboral como Maestra de apoyo de una escuela taller que se va a impartir en el pueblo de Becerra? El contrato es a tiempo parcial y la duración sería de un año –explicó la solícita verbosa desde el otro lado del satélite.

Incrédula hasta la médula, contesté con rotundidad:

 Sí.

Bajé de la cinta y un cliché descarado me recordó que formaba parte de ese millón y pico de parados de larga duración, mayores de cuarenta y cinco años. ¿Cómo iba a decir lo contrario si mis labores como escribiente de medio pelo no me dan ni para pipas? ¡Hostia puta! Claro que estoy interesada, pensé.


 La oigo muy mal... –escuché de improviso mientras mi galimatías sesudo se daba de bruces con una piedra. ¿Qué digo con una piedra? Con el mismísimo muro de hielo que protege la Guardia de la Noche en GOT.
 Un momento –repliqué antes de salir como una flecha hacia la recepción del gym para agarrar boli y papel bajo la mirada atónita de la secretaria, que seguro pensaba: “¡Esta mujer se ha vuelto loca!”.
Doña Ana, ¿seguro que me escucha bien? –la frecuencia tierna y melódica que salía del celular quería envolverme en su plática… ¡Puñetera psicóloga de vocecilla conciliadora! Rumié al instante.
 ¿Ahora me recibe mejor, señorita? –dije elevando ligeramente la voz.
 Sí. Un poco mejor. Le decía… bla bla bla bla bla… –repitió el rosario de ‘pe a pa’ y añadió—: Lo primero que tiene que hacer es hablar con la encargada del proyecto.

Inmediato, me dio un teléfono y un nombre que apunté en el papel que le había mangado a la administrativa.  Con las consignas anotadas, mi cabeza parecía una de las ruletas del gran casino Venetian de Macao que no dejan de girar. Olvidé la gimnasia y me marché a casa.

Horas más tarde, llamé al teléfono indicado; era del Ayuntamiento de Becerra. Pero, claro, los ‘funcis’ no trabajan por la tarde. Repetí la fórmula por la mañana. En el cabildo me dieron otro número. Lo marqué convulsa y una voz con acento marcado me indicó que la persona buscada estaba reunida. No os suena esta canción…, siempre sucede lo mismo cuando llamas a alguien con cierto pedigrí que no desea atenderte. Bueno, me dije a mí misma, tendré que contarle la película al oyente. Después de mostrar mis cartas, el pavo –que parecía enterarse de la misa la mitad—, me dijo dónde y cómo presentar los credenciales.

Se me quedó un no sé qué raro… la información era tan vaga como las nanas que me cantaban a través los barrotes de la cuna. La primera cárcel de la vida, me dije a mí misma sin venir a cuento.

En ese momento de soberana lucidez, decidí buscar en Internet el Email de la persona clave. Tras el descubrimiento de ese correo ilustre, remití un mensaje con los datos que me habían facilitado. Y… ¡mira por dónde! Su majestad, la reina de Becerra, me contestó con una explicación concreta. Tras leer la nota repetidas veces, percibí el deseo de conocerme como si fuera otra yegua de su establo.

En pocas horas, reuní la información necesaria; hasta el primer Támpax que usé, quedó reflejado en el mamotreto fotocopiado. A toda prisa, embarqué en el metro. El traqueteo me dio malas vibraciones, mis dientes rechinaban. Demasiadas huertas de señores feudales, profusos municipios olvidados de la mano de Dios con carteles transparentes que me hablaban: “Aquí sobras, señorona capitalina”.  Con este paisaje futurista y distópico aterricé en el andén, medio roído, de Becerra.

Una cuesta larga más inclinada que el Everest, se abría ante mis ojos. Paso a paso, seguí la ruta hasta avistar los pendones de España en el balcón del concejo. Entregué mis méritos a un señor agridulce cuyos ojos me decían: “¡Gilipollas! No ves que este territorio es nuestro”.

La boca estaba pastosa como cuando me salto el Trankimazín de las doce y la lengua, gruesa, me pedía soma. Mis ojos chisposos habían dejado de emanar incandescencia. Era una mujer madura y deshidratada que no le hacía ni un pelo de gracia lo que veía. Sin embargo, seguía sonriendo como una tonta a la que le ha salido el Gordo. ¡Ayyy…!!! Amigos, ya lo dice el refrán: “La fe mueve montañas”.

De regreso a la estación, un espejismo alimentado por el mono y el sofocante calor del mediodía, me hicieron ver una fuente donde solo había un anciano que me observaba como si fuera una alienígena de otra galaxia. La ‘cosa’ estaba más que clara. Transparente.

A falta de un día para presentar los documentos, salieron las listas baremadas. ¡Toma ya! Razoné al comprobarlas. O sea, que la convocatoria sigue abierta y ya han calificado los méritos. Lagarto, lagarto… Empero, como mi nombre encabezaba el censo, sonreí de oreja a oreja y me dije para mis adentros: “Esta es la tuya, Anna. Olvídate de escribir para el aire y de rascar la pared de casa. Por lo menos tendrás un añito de sosiego”

A un día de la entrevista, imitaba a una teenager de short zarrapastrosos y top ombliguero en su primera cita: pasé toda la noche en blanco. Al levantarme, vi mi tez más apagada que una bombilla fundida. Pues nada, filosofé, me pongo una Ampolla flash de vitamina C y a rular por el mundo. Me coloqué unos jeans que estilizaban mi figura y una camiseta azul marinero; todo muy neutro para no levantar suspicacias. Aunque mi cabellera, larga, enroscada y rubia de bote, cantaba de lejos.

De vuelta al zarandeo del trenecito de Becerra por las huertas y caseríos de esta España que se desgaja como los penachos de los alabarderos de un Alfonso XIII exiliado, fantaseé con mi futuro… con el futuro de este país que vislumbro antiutópico. Se me fue el tiempo del pasado al futuro para quedarme en el presente. Así pues, sin comerlo ni beberlo, llegué a la Diputación de Becerra media hora antes de la fijada. Justo, con las entrevistas de otros cargos del programa.


La sala está concurrida por un grupo de mujeres que armaban un jolgorio ameno. Podrían ser amazonas  en plena batalla, damas aristocráticas, cortesanas de un burdel pendejo o gallinas de corral, deliberé antes de agudizar las antenas…

–No te preocupes –le decía una a otra de las congregadas—. Si no te toca de directora, será de secretaria y sino de profesora.
–Por supuesto. Y a ti te sucederá lo mismo, guapi…
–Cariño, y a mí, idéntico  –cacareó una tercera del corrillo jocoso. Y agregó—: Amigas nos conocemos desde hace tiempo y sabemos que, todas, marcharemos a casa con un trabajo nuevo.

¡Joder! –exclamé por lo bajini. Bufé. A continuación, recapacité—: “Ya estamos conque la abuela fuma. Me huele a gallinas de picoteo”. De improviso, alguien dijo:

–Fulanita de tal y menganita de tal, pasen conmigo.

Después llegó sotanita de tal y pascual. Y así, varias veces, hasta que las ponehuevos accedieron y salieron de un despacho de la empresa. Entretanto, la estancia se llenó de otras mujeres: mis compañeras. Desde luego que, en Becerra, se toman al pie de la letra la paridad femenina. Cavilé viendo que no había ni un solo ‘barón’ por coronar.

Llegó mi turno. Y, por fin, conocí a la dama que manejaba el cotarro: una mujer encogida, de aspecto un tanto desagradable, con arrugas verticales sobre el labio superior; fumadora empedernida con aliento de alcohol y modos de alcahueta. ¡Qué desilusión! Me miraba con ojos escudriñadores y preguntó:

–¿Y su currículum?
–Lo entregué junto al resto de credenciales en el Ayuntamiento –contesté con una sonrisa arrebatadora.
–Sí, sí... eso lo dirá usted. Pero no aparece por ningún sitio.
–¿Cómo que no aparece? Oiga le aseguro que lo presenté. Traigo los originales. Mire… aquí está mi currículo  –repliqué con amabilidad, señalando el documento indicado.
–Pues aquí no está –insinuó la doña mirando las copias de mis papeles.
–A lo mejor se ha extraviado… –sugerí, humilde.
–A mí nunca se me pierde nada –insistió con ojos de sapo. Y añadió—: Bueno, bueno… démelo que lo fotocopio y ya está.

Me marché más contenta que unas castañuelas. Superado el escollo, la audiencia me había salido con encaje de bolillos.

Dos días más tarde, salieron las listas y puntuaciones de los pretendientes a… lo que fuera. ¡Sorpresa! Desagradable sorpresa. La mayor parte de los puestos laborales ofertados, se declararon desiertos. Según la anotación a pie del listado, los candidatos o no cumplíamos con los requisitos mínimos o nuestro perfil no encajaba con el demandado.

Jarrón de agua fría sobre el rostro sofocado. Impotencia. Frustración. Cuerpo que se torna náuseas tras una sopa de almejas en mal estado. Toda yo un saco de heces líquido.

Una semana más tarde, ojeo el tablón de anuncios virtual de Becerra y veo que todas las plazas están cubiertas por las pitas que cacareaban en el mercadillo de susodicho pueblo.

Señores y señoras. Querida platea: si este hecho sucedió en un contexto menor, imaginen qué ocurrirá en las altas esferas.

Nunca mejor dicho: Genovés eres un saco de mierda. Enchufismo, enchufados y enchufadores.


©Anna Genovés
22/08/2017

Juanes - Hermosa Ingrata