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Ciclismo urbano

¿Te has preguntado alguna vez si podrías recorrer el mundo pedaleando? Tras leer diversos artículos, he comprendido que las bicicletas son para todas las épocas del año. De hecho, sí se puede recorrer el globo terráqueo en bici.

Actualmente existen muchas ciudades con sistemas integrados para bicicletas, estacionamientos especiales, servicio de alquiler público, vías verdes, carriles bici e incluso transporte público en el que poder cargar el triciclo. La experiencia de los viajeros que transitan por las urbes al ritmo del pedaleo es tan satisfactoria, que este transporte se ha convertido en un elemento más de la vida cotidiana. Además, es ligero, económico, rápido y ecológico. No obstante, existen conductores y peatones, con opiniones adversas. Para los segundos, las bicis son un elemento molesto que invade las aceras. En el caso de los primeros, hay que mencionar que, en numerosas ocasiones, los ciclistas urbanitas se creen los dueños del mundo… Y tampoco es eso. El respeto mutuo es necesario para una armonía equilibrada.

Como ciclismo urbano, se entiende la utilización de la bicicleta como medio de trasporte en distancias cortas. El boom de dicha modalidad, fue una consecuencia directa del incremento de los automóviles a partir de la II Guerra Mundial que provocó la congestión del tráfico. La bicicleta es uno de los medios alternativos que más ha proliferado desde entonces.

En Dinamarca la demanda para el estacionamiento de las bicis, superó cualquier predicción. En 2008, la Asociación de ciclistas de Copenhague redactó la guía Bicycling Parking Manual. Gracias a la misma, surgió la revista digital copenhagenize. Acuñada como un neologismo que significa que cualquier ciudad puede convertirse en amiga del ciclista urbano.


La copenhagenize publica el ranking anual de las ciudades con mejores infraestructuras para bicicletas del mundo. Hace unos años, la lista fue la siguiente:

1-    Amsterdam (Holanda)
2-    Copenhague (Dinamarca)
3-    Utrecht (Países Bajos)
4-    Sevilla (España) y Burdeos (Francia)
5-    Nantes (Francia) y Amberes (Bélgica)
6-    Eindhoven (Países Bajos)
7-    Malmö (Suecia)
8-    Dublín (Alemania)
9-    Tokio (Japón)
10- Múnich (Alemania)
11- Montreal (Canadá) y Nagoya (Japón)
12- Río de Janeiro (Brasil)
13- Barcelona (España) y Budapest (Hungría)
14- París (Francia) y Hamburgo (Alemania)

Otras ciudades internacionales amigables con el ciclista urbano son: Curitiba (Brasil), Montreal (Canadá), Portland (Estados Unidos), Basilea (Suiza), Beijing (China), Trondheim (Noruega) o Bogotá (Colombia) ―bautizada, por este motivo, como la Ámsterdam latinoamericana.

Si nos ceñimos al territorio nacional la clasificación sería:

1-    Sevilla
2-    Barcelona
3-    Vitoria
4-    Zaragoza
5-    Gijón
6-    Palma de Mallorca
7-    Valencia
8-    Córdoba
9-    Guipúzcoa
10- Madrid

Sin embargo, el panorama a nivel mundial ha cambiado notablemente en pocos años. La clasificación de 2015 fue la siguiente:

1-                      Sevilla, España (10)
2-                      Ámsterdad, Países Bajos (2)
3-                      Copenhague, Dinamarca (1)
4-                      Barcelona, España (11)
5-                      Buenos Aires, Argentina (14)
6-                      Utrech, Países Bajos (3)
7-                      Eindhoven, Países Bajos (5)
8-                      Viena, Austria (16)
9-                      Amberes, Bélgica (9)
10-                   Dublín, Irlanda (15)
11-                   Estrasburgo, Francia (4)
12-                   Malmö, Suecia (6)
13-                   Nantes, Francia (7)
14-                   Montreal, Canadá (20)
15-                   Berlin, Alemania (12)
16-                   Liubliana, Eslovenia (13)
17-                   Burdeos, Francia (8)
18-                   París, Francia (17)
19-                   Hamburgo, Alemania (19)
20-                   Minneapolis, Estados Unidos (18)

Dentro del territorio nacional, actualizado en junio de este mismo año, la revista Donkey Republic con informes de la OCU, publica que las cuatro ciudades españolas mejores acondicionadas para el ciclismo urbano son:

1.                       Barcelona.

2.                       Sevilla.

3.                       Valencia.

4.                       Madrid.

Desde mi humilde punto de vista, las ciudades que actualmente se han visto relegadas a un puesto rezagado al que poseían anteriormente, se debe sobre todo a las nuevas infraestructuras de las urbes que carecían de las mismas. En tanto que las de más solera, acostumbradas al ciclismo urbanita, quizá carezcan de espacio para ampliar sus instalaciones y servicios, o simplemente crean que ya tienen suficientes.



Con todo, la mayoría de las calzadas no están optimizadas para las bicis, sino para vehículos de motor. Motivo por el cual, debemos concienciarnos de la necesidad de un respeto mutuo. Tú vas en coche, en silla de ruedas eléctrica o andando, yo en bici. Tú cumples tus obligaciones, y yo, las mías. Es una utopía que quizá, en un futuro próximo, sea realidad.

Pedalear tiene muchos beneficios para la salud y el medio ambiente. Hay numerosos estudios que han demostrado que el ejercicio aeróbico mejora el sistema cardiovascular, y por tanto, el ánimo. Lo que se traduce en un aumento de autoestima y una disminución de los estados depresivos. Por otro lado, los ciclistas urbanos suelen ser más productivos. Referente al medio ambiente, la bicicleta es totalmente ecológica.

Por todo lo dicho, se puede afirmar que las bicicletas son el transporte más aconsejables en distancias cortas. Si encima llevamos modelos plegables, pese a que hoy en día están en boga las bicis retro por aquello del amor por La cultura hipster,  que podemos introducir en distintos transportes públicos: ferris, aviones, metros... Sin lugar a dudas, lograremos recorrer parte de la Tierra con nuestro vehículo portátil. No olvidemos los múltiples modelos adaptables a cualquier estilo de vida y persona; así como la variedad de accesorios que podemos encontrar para cualquier tipo. Eso sí: no debemos olvidar el casco.



Punto y aparte es el ciclismo de carretera que, como vemos a diario en los informativos, por desgracia es mucho más peligroso. Si os animáis a recorrer distancias largas con vuestra bicicleta por medios rurales, ¡mucho cuidado!

Las bicicletas…

"Cuando el día se vuelva oscuro, cuando el trabajo parezca monótono, cuando resulte difícil conservar la esperanza, simplemente sube a una bicicleta y date un paseo por la carretera, sin pensar en nada más".

Arthur Conan Doyle
(1859 – 1930)
Médico, novelista y escritor escocés.




Recomendaciones de bicis plegables

1.                       Brompton S2L o M3L  -  1.100 € aprox. Cómoda y ligera. La más aconsejable si va hacer más de dos plegados diarios.
2.                       Dahon Vitesse 7 - 700€ aprox. Ideal para usuarios con recorridos de hasta dos horas diarias.
3.                       Monty Folding F18 – 300€ aprox. Adaptable a distintas Alturas y con trasportín trasero. Buena relación calidad precio.

©Anna Genovés
Retocado 18/07/2017





Queen - Bicycle Race (Official Video)



Ciclismo urbano

by on 21:21:00
Ciclismo urbano ¿Te has preguntado alguna vez si podrías recorrer el mundo pedaleando? Tras leer diversos artículos, he compre...


Sandalias por las orejas

A true story

Experiencias desagradables suceden a diario… Cosas de mujeres y La Moda.

El otro día vi unas sandalias que me molaron bastante. En ese momento no disponía de dinero y no me las llevé. Tenía lo justo para adquirir un regalo. Sin embargo, a mi amiga no le quedaban bien los zapatos que le había comprado, y me dije a mí misma: “Esta es la tuya, Anna, los devuelves y te coges las sandalias que te han gustado”.

Solo quedaba mi número y otro par. Cuando miré el precio vi que las pegatinas de la suela marcaban distintos importes. La diferencia entre par y par era de diez euros. De inmediato pensé que algo iba mal… Fui a la caja con ambos pares. Toda ingenua, le dije a la dependienta que debía cobrarme el precio más bajo. Pero la chica contestó que era un error y que, por tanto, tenía a cobrarme el precio que indicaba el ordenador.

Me había ocurrido lo mismo dos semanas atrás. ¡Manda huevos! En aquella ocasión pagué lo que me dijeron, pero estaba más que harta de tantos deslices comerciales, y pensé: “Ya está bien de ser gilipollas. Si se han equivocado que paguen las consecuencias y punto”. La cajera no entró en razones y el ambiente se caldeó más de lo normal por ambas partes.

Poco después, se unió a la feria otra dependienta. Por cierto, bastante maleducada. Al instante, el encargado… ¡ya te digo! Una persona que no sabe arreglar un asunto tan sencillo, por amor propio, por orgullo profesional, por la manida frase: “El cliente siempre tiene la razón”, por… nos hemos equivocado y hay que cobrarle a la señora lo que dice, por lo que sea… No debería ocupar dicho puesto laboral. Acto seguido, llegó otra señorita con carita de hacerse cargo de la situación; bastante educada y calladita bajo presión del cacique que la miraba con ojos asesinos: “Si dices algo te despido”.

Llegado este punto, les comenté que si no me cobraban el costo más bajo llamaría a la Policía Local. “Pues adelante, haga lo que tenga que hacer, señora”. Soltaron muy gallitos ‘todos a una’. Como los mosqueperros de una TV caduca. Para rematar, se unió al cotarro el pariente de alguna de las chicas que dijo ser abogado. ¡Ya les vale! El grupeto saltó sobre la Maruja empecinada en inclinar la balanza su favor. Con toda la razón del mundo, dicho sea de paso.


Muchos de vosotros pensareis: “¡Caray con ‘la Genovés’, ponerse así por diez eurachos!”. Si veo un céntimo de euro, me agacho a recogerlo; no tengo ni blanca. Asimismo, me desagradan las injusticias y la falta de respeto. Eso sí, gozo de más libertad que cuando nadaba en la abundancia. Antes, no luchaba por lo que era mío. Ahora, sí.

Evidentemente, todos cometemos errores. Yo, la primera. Empero recuerdo mis años de tendera –lo digo con todo el cariño del mundo—. Puedo aseverar que incidencias similares han sucedido siempre… Y, habitualmente, se cobraba al cliente el montante inferior.

Al final, hablé con un poli que hacía guardia en un concierto juvenil y no podía dejar su puesto, claro está. Hubiera sido una imprudencia. Pues bien, el madero declaró que tenía la razón; aunque señaló que no se podía obligar al comerciante a cobrarme la tasa inferior. Debía poner una reclamación. Así lo he hecho. De igual modo, siguiendo sus consejos, fotografié las sandalias con los diversos precios adheridos a las suelas.

Ya me he explayado suficiente… Por cierto, no compréis en las Zapaterías Super Mira o sucedáneos –establecimientos sin especializar y con plantillas obtusas—. Podéis encontraros con individuos que recen: “Erramos porque somos humanos y nos lavamos la manos como Pilatos”. Un hombre un tanto repelente, por lo menos para los cristianos.

Que sí, que lo sé. Cobrarán cuatro putos euros mensuales. La vida es dura, muy dura. Quizá demasiado. En mi caso, comencé a trabajar a los 15 años y pocos me echaron una mano. Las he pasado putas en muchos curros. Por este motivo, no hay que olvidar las minucias. Los granitos de arena pueden tornarse balones gigantes que nos aplasten.



Con este rollazo… ¿qué queréis que os diga? Las sandalias me salieron por las orejas. ¡Acabé hasta el orto! Cuando pueda iré a Consumo –reclamación y fotografías en mano—. ¡Joder! Lo siento, no puedo decir otra cosa, ¡qué mal se trabaja en este país! No me extraña que pase lo que pasa… Por suerte, no todo los currantes son así.

Reconozco que me comporté como un forúnculo purulento en el trasero. No obstante, una vocecilla interna, me susurró: “Ya era hora de que fueras un poco valiente, Genovés, que tan solo te queda un Telediario. Gallito con las teclas y cobarde con el face to face. Hoy has estado bizarra”.

©Anna Genovés
09/06/2017


The Chemical Brothers - Hey Boy Hey Girl





La zona oscura

Hace años, después de sufrir un aparatoso accidente, un amigo permaneció varios días en coma. Cuando despertó, pasó bastantes meses en rehabilitación hasta que su existencia volvió, poco a poco, a la normalidad.

Nunca hablábamos del tema: era tabú. Como si el mero hecho de recordarlo supusiera un drama; lógico si pensamos en la trágica experiencia por la que había pasado. A todos nos sucedería lo mismo en mayor o menor medida, cada persona tiene un grado de resiliencia. O dicho de otra forma, capacidad de adaptación frente a una situación adversa. Un tema muy interesante que, tal vez, diseccionaremos más adelante...


Sin embargo, hoy, nos centraremos en la esa zona oscura por la que paseó mi compañero.  El otro día rompió el hielo y me contó su vivencia... ¡Me quedé muerta! Sin previo aviso, me soltó:

–Fue tan rápido como una ráfaga de viento. Pero estuve en el otro lado…

–Pero… ¿qué dices? –pregunté escéptica.

–A alguien tenía que contárselo... –me miró con ojos triste y comprendí que debía escucharlo. No oírlo como quien oye sonidos ambiguos, sino escuchar todas y cada una de las palabras que me revelara.

–Adelante, cuéntame lo que quieras… te escucho –dije de corazón.

–Verás, en los minutos que estuve clínicamente muerto, no vi nada de nada.

Abrí los ojos como platos.

»Sí. No me mires con cara de chiflada. Me vi rodeado de batas verdes y, de repente, se hizo el frío…, la oscuridad.

–¿Y ya está? –indiqué algo perturbada.

–Por desgracia, sí. No vi ni túneles ni luces blancas ni siluetas difuminadas ni al gran hacedor del Universo. Tampoco escuché cánticos celestes o sonido diabólicos... Te lo juro. No vi ni sentí una mierda. Nada tía, nada –comentó encogiéndose de hombros. Un segundo más tarde, añadió—: Cuando me reanimaron tuve arcadas; me estaban desentubando. Después, vislumbré las mismas batas verdes y etcétera… –Su mirada se perdió en el reguero interminable de hormigas que pululaban por el césped.

–Tranquilo no sigas. Te veo afligido –comenté asiendo su mano a la par que agregaba—: Otro día me cuentas el resto. ¿Qué te parece?

–Poco más puedo decir... ¿No lo entiendes? No hay nada más. Te mueres y punto.

–Anda, recordemos cosas más agradables, ¿vale? –insinué para cambiar de tema. Pero él siguió erre que erre con la mirada extraviada en el afanoso ir y venir de esos insectos eurosociales que tan a gusto trabajaban. Y su lengua, como si el mismísimo Leopoldo Mª Panero le hubiera poseído, siguió hablando...

–Fue como si la vida se hubiera parado en un determinado instante y hubiera regresado minutos después. El fundió en negro de un film noir en el que ha salido el cartel de The end. El interruptor que se apaga y no vuelve a generar electricidad. El androide cuyo programa se asfixia por el capricho del amo o por una avería fatal. ¡Leche! Morí sin remedio y sin perdón… ¡Aghgggggh! –soltó con cara de asco. Inmediato, chafó con todas sus fuerzas a los formícidos que bailaban al ritmo del chachachá por sus pies, y exclamo—: ¡Puta vida!


Su rostro se frunció, y el mío, también. Pero, por suerte, ahí quedó la cosa. Me estaban entrando verdaderos escalofríos. No puedo negar mis creencias. Ni voy a misa ni rezo…  empero, creo en algo superior; llámese Dios o como más os agrade. Y tengo fe: a menudo me repito que existe algo después de la muerte terrena. Quizá, por este motivo, su secreto me afectó bastante. Deseaba que me contara algo especial, necesitaba ese halo de esperanza para seguir creyendo en lo intangible.



La vida después de la muerte es un pensamiento recurrente entre los mortales sean o no devotos. Algo que no podemos obviar y que nos persigue desde el inicio de la Humanidad. Pongamos por ejemplo la civilización egipcia donde cuidaban más los detalles de El más allá que los tangibles. En la actualidad, bien mirado, la esencia del culto a los muertos no ha variado demasiado. Los diferentes dogmas que cohabitan en nuestro mundo siguen teniendo una devoción especial y espiritual por los seres queridos que fallecen y no volvemos a ver jamás. Por lo menos, no en esta vida y en este planeta que hemos llamado Tierra.

No cuentan los muertos arrojados al Dios-Río Ganges, donde los hindúes igual se bañan que lavan los platos. Tampoco hablamos de los cuerpos sin vida que aparecen en cualquier parte del Globo Terráqueo fruto de homicidios perniciosos. O de la Granja de cadáveres del complejo de Investigación Antropológica de Tennessee. Si apartamos algunas situaciones determinadas, como estos ejemplos, descubrimos que todas las religiones, de uno u otro modo, veneran a sus antepasados de forma extraordinaria.

Por eso no es de extrañar que existan creencias, mayormente pseudocientíficas, que buscan testimonios alentadores sobre la vida después de la vida. ¿Por qué? Porque son muchas las personas que tras pasar por una muerte clínica, una fase comatosa o a una resucitación cardiaca, contemplan o perciben algo similar a túneles largos, luces blancas, universos paralelos, abrazos de allegados fallecidos o al mismísimo Caronte llevándote al Hades después del Judicium Divinum donde se pesan los actos piadosos y maléficos de cada hombre. Y un largo etcétera...


Al margen de estas evidencias, poco ortodoxas, he encontrado diversas pruebas médicas que hablan de las experiencias cercanas a la muerte o ECM, de algunos pacientes. El doctor en Psiquiatría y licenciado en Filosofía Raymond Moody es un experto en el tema. Entre sus numerosos estudios científicos, destaca el realizado a más de un centenar de afectados por diferentes estadios ECM.

Humildemente, como la mujer pacata y mística que soy, tras hojear abundante documentación sobre dicha temática he percibido algo un tanto sospechoso... Veo demasiada casualidad que los paraísos y/o personajes omnipotentes visualizados por los afectados adopten las formas del credo que profesan. ¡Ojo! No me río de nadie. En alguna ocasión he sentido fenómenos paranormales en mis carnes. Es solo una apreciación.

Sin olvidar que algunos pacientes afectados por ECM tuvieron vivencias aterradoras, el patrón general asociado a dichos enfermos es placentero y sigue unas pautas concretas que podemos resumir en el siguiente listado:

1.                  Lo primero que sienten es la percepción de salir fuera de su cuerpo y ver lo que les rodea a modo de viaje astral. Incluso escuchan la hora de su fallecimiento.

2.          A continuación, tras caminar por un túnel, algunos afectados por ECM experimentan ascensiones celestes. (Esto me recuerda el serial The Leftovers).

3.                  Sucesivo, visualizan la silueta de una figura luminosa; acompañada o no por música. (Me pregunto si será un ángel, arcángel o el mismísimo y todopoderoso Señor del Cielo y la Tierra).

4.                  Un instante más tarde, la sensación de paz se acrecienta y desaparece todo tipo de dolor: físico y psíquico.

5.                  Durante este período aparecen las primeras visiones de personas fallecidas que agasajan al recién llegado. 

6.                Poco después, la silueta resplandeciente entabla una conversación telepática con el advenedizo. (En este apartado es donde he descubierto más testimonios sobre el cambio de formas del Creador y El Paraíso. Ambos se modelan según el credo que profesa el paciente aquejado por ECM).

7.                  De inmediato, este ser superior revisa la existencia del individuo.

8.                  A posteriori, evalúa su ética y costumbres a modo del Judicium Divinum.




9.                  Entonces, el afectado por ECM encuentra una especie de obstáculo que no le deja proseguir por ese camino de perfección, y recuerda que todavía sigue vivo.

10.               Consecutivo, le sobreviene una aversión a la hipotética resurrección terrenal. No obstante, comienza a sentirse vivo en un plano diferente a ese mundo feliz en el que ha vivido por unos instantes cuasi perfectos. Y, de repente, el Edén Celestial desaparece.

11.               Justo entonces, abre los ojos y ve la realidad que le rodea. Siente miedo a contar su vivencia extrasensorial. Miedo a no ser creído.

12.               Paralelamente a este estupor, desaparece el miedo a la Dama de la Hoz reconvertida en el ángel redentor que les llevará a un plano superior.

13.               Tras la rehabilitación necesaria, los afectados por ECM regresan a su rutina cotidiana. Desde ese instante, tanto su vida como sus valores personales, mejoran.

Estas confusas investigaciones se explican desde cuatro vertientes:

1.                  Espiritual
2.                  Psicoanalítica.
3.                  Fisiológica
4.                  Telepática.

Y aquí lo dejo, amigos, el tema da para tanto que de seguir investigando podría escribir más de una novela. ¿Quién sabe? Opinad vosotros mismos…

©Anna Genovés
11/05/2017

Ilustraciones tomadas de la red: El Bosco y Gustave Doré

Vida después de la Vida: Nuevas Fronteras. Dr. Raymond Moody





Nick Cave and the Bad Seeds - 'Jesus Alone'


La zona oscura

by on 18:18:00
La zona oscura Hace años, después de sufrir un aparatoso accidente, un amigo permaneció varios días en coma. Cuando despertó,...



Chicfy: la startup femenina

El sábado me pasó algo realmente divertido. Me reuní con unas amigas que hacía muchísimo tiempo que no veía, y, una de ellas, no paraba de mirar el móvil como una posesa...

–¿Qué haces? Tanto mirar al móvil. Parece que estés en plena subasta de una obra de arte –dije un poco molesta.

–Anna no te enfades. Casi aciertas –contestó ella.

La miramos con cara de gilipollas y, ella, rectificó:

–Estoy en Chicfy –soltó tan tranquila.

–¿En dónde…? –preguntó otra de las colegas.

Mi amiga se puso a tararear la canción de ese anuncio en el que la chavala acaba moviendo el cucu como si fuera una gallinita. Nos reímos a mandíbula suelta.

Pero, una, ya talludita y bastante a su bola, no tenía ni idea de qué hablaba. Así que volví a preguntar:

–Vale… (ejem, ejem…)  –carraspeé y añadí—: He visto ese anuncio tan, tan… –no me salía la palabra adecuada. Ella me ayudó.

–Tan freak. ¿A que ibas a decir eso? –me soltó ni corta ni perezosa.

–Bueno. Yo no quería ser tan directa. No es que sea freak... Es simplemente –moví la cabeza varias veces y agregué—: Moderno. Eso es. Es un anuncio muy, pero que muy actual. Pero desconozco qué promociona.

–Ropita –comentó una camarada.

–Trapitos para chicas –añadió la otra.

–Al tajo. Vamos a ver, ¿qué es eso de Chicfy? –insinué con descaro.

–Chicfy es el mayor mercadillo de ropa de segunda mano de toda España. ¿Ya te has quedado tranquila? –soltó de sopetón la imputada.

–OK –dije.

–¡Chicas! –prosiguió la colega que chicfeaba—. Es de lo más guay. Estaba en una especie de subasta en la que una vendedora estaba bajando el precio de un vestidito de lo más chulo. De firma y a precio de ganga.

Ahí quedó el asunto. No obstante, cuando llegué a casa no pude remediar entrar en Internet y buscar Chicfy en Google. ¡No veáis todo lo que encontré!



Chichfy es una startup fundada a inicios de 2013 que se ha convertido en una de las plataformas de compra/venta de ropa de segunda mano más famosas del comercio nacional. Su peculiaridad: destinada solo a productos femeninos. Sí, ya que las féminas estamos discriminadas en muchos lugares y por muchos motivos, es justo que nosotras hagamos lo mismo en algunos ámbitos: Chicfy es solo es para chicas. En parte, de ahí el nombre. Aunque coloquialmente el adjetivo chic signifique ni más ni menos que guapi.  Etimológicamente tiene varias connotaciones:

Chic (adjetivo)
1.                     Que es elegante, distinguido y sigue la moda. "Traje chic; una mujer muy chic; la sociedad chic".
2.                     Nombre masculino. Elegancia acompañada de buen gusto y gracia. "No es guapo, pero tiene chic".



Está dualidad de ese nombre tan pegadizo ha ayudado mucho a la gran repercusión de la red. En la actualidad, Chicfy es el mercadillo virtual de compra/venta de ropa de segunda mano más grande de España. Al poco de fundarse, Chicfy, se proclamaba ganadora del Campus de Emprendedores de SeedRocket de Barcelona.

Chicfy actúa de forma sincrónica con una aplicación para la web y otra para el móvil, y funciona en paralelo como red social y tienda virtual. A día de hoy, la empresa está formada por un equipo de catorce personas. Sus fundadores son Nono Ruiz y Laura Muñoz. Una pareja que fue al programa Atrapa un Millón de Antena 3 y ganó 175.000€. Pasado el tiempo, invirtieron las ganancias en esta idea.

¿Os preguntaréis cómo funciona? Sencillo. Mediante una app fácil de manejar que puedes bajarte de App Store de forma gratuita. Tiene un efecto wow no por su exterior sino por lo que reside en ella. La mayoría de interesadas son usuarias de otras redes; sobre todo de Instagram. Se conocen, se siguen y comparten imágenes. En Chicfy hacen lo mismo. Pero además, intercambian entre ellas la ropa que nos les agrada o que ya no usan y todas salen beneficiadas.

Las consumidoras de Chicfy intercambian mediante chats abiertos sus explicaciones, deseos, necesidades, gustos, invitaciones… como si estuvieran en un mercadillo, solo que en este caso es un mercadillo virtual. ¿Y qué sucede en los emporios? Disputas y acuerdos: comercio. Pero de manera femínea, y, principalmente, divertida; no se puede insultar, denigrar, expresarse con vulgaridad, poner verde a la vecina de al lado... Todo muy chic. Para más inri, el spot publicitario de 2016 ha sido un trending topic en Twitter varias veces. Los secretos del mismo: el lenguaje y contenido visual, la música y el boom en las redes sociales.

1.                     Un lenguaje atrevido: “Hazme una rebajita” o “claro que sí, guapi”.
2.                     La música estilo reggaetón es pegadiza y salerosa.
3.                     El baile del twerking es otro elemento que resulta muy audaz.
4.                     Usar las redes sociales como megáfono es súper efectivo. 


En resumidas cuentas, que Chicfy tiene todos los elementos claves para triunfar. ¿Le habrá salido un mini competidor a Don Amancio en su venta virtual por España? Y es que en Chicfy te lo ponen muy fácil… Envíos solo por Correos o mensajería NACEX. La confidencialidad es absoluta. Haces el paquete con amor y feminidad. Algo imprescindible: ser detallista cuando envuelves los artículos que envías. Te sientes tan satisfecha como una niña pequeña a la que acaban de regalarle una caja de bombones. Nadie te tachará de ñoña si pones pegatinas de corazones, flores, una chuche de regalo… ¡Es guay!



Estos pequeños/grandes detalles hicieron que en 2016 Chicfy  tuviera más de 6 millones de usuarias, publicase casi 2 millones de prendas, vendiera cerca de 500.000 y recibiera más de 47 millones de visitas. Sin lugar a dudas, Chicfy es una empresa emergente.

Lo que os acabo de contar es un popurrí que he sacado leyendo diferentes artículos sobre Chicfy, pero, como dice el refrán: «Para ser cocinero, antes, tienes que ser fraile». ¿Qué he hecho? Hacerme un armario.

No pretendo lucrarme, solo recuperar parte de lo que en otro tiempo gasté. Pero me consta que hay quienes tienen un verdadero ChicfyPotosí. Por ejemplo, en Chicfy he visto artículos en venta un 100, 200, 300 y hasta un 400% más caros que en otras Webs. Está claro que si lo que pretendes es ganar dinero, no puedes vender barato porque la empresa se queda el 20%, más IVA, de las ventas. Pero, en algunos casos el porcentaje que aplican las vendedoras es un exceso. Ahora como aquel, si a la compradora no le importa, es su problema.

Esta especie de red comercial deja los asuntos muy claritos desde el principio; si no entiendes algo existen toda clase de ayudas: tutoriales, mails contestados con afecto, blog y un largo etcétera… en el que entraría el simpático mensaje que recibes cuando alguien cliquea uno de tus artículos con un like: «¡Esto es bueno! Tus prendas están gustando. A ……… le encanta uno de tus artículos. ¡Truco! Baja el 10% o más y las chicas a las que les haya gustado recibirán una notificación». Y sigue: «Pon a la venta prendas parecidas». Como este detalle/reclamo, TODO. En realidad, cuando Chicfy promulga: «Chicfy es el paraíso donde las chicas compran y venden moda». Tienen mucha la razón.

Añadiré que Chicfy, pese a concebirse para jovencitas, está llena de maduritas; es impensable que las jóvenes se pirren por marcas súper caras, y no me refiero a Desigual & CIA, sino a las intocables para bolsillos de la clase media. Pues,  señores y señoras, en Chicfy, triunfan. De igual modo, algunas sellers aprovechan cualquier situación para hacer el agosto… ¿Qué diría Bimba Bosé, que en RIP, si viera que sus diseños son de los más cotizados? En fin, unas matures se beneficiarán a tutiplén y otras, como yo, ¿por qué no? Se sentirán activas en ese mercado laboral que las desestima y redirige a la exclusión social, únicamente, por la edad.

¿Qué queréis que os diga? Es frustrante romperte la cabeza para escribir algo medianamente potable y no ganar ni un puto euro. Piensas, seré una escribidora muy cutre. Sin embargo, cuando haces promociones gratuitas, ¡mira tú! Venga la descarga. O cuando ves hackeadas todas las novelas que has publicado, permutan tus cavilaciones... Algo no cuadra. No seré tan pedorra escribiendo. A lo mejor hasta me plagian y yo sin tocar pelo, como se dice vulgarmente. 

En Chicfy, no es que haya ganado nada económicamente hablando, pero he recuperado parte de lo invertido en ropa hace tiempo. Todo un aliciente. Quizá cambie de hobbitrabajo.

¡Ah! Casi se me olvida. Si te gusta algo de mi armario, no tienes el por qué suscribirte a Chicfy puedes entrar por Facebook. Más facilidades, imposible. ¡Me voy a chicfear un rato!


Os invito a echar un vistazo a mi armario boutique de Chicfy: TheFlapperGirl

©Anna Genovés

19/02/2017

Anuncio Chicfy 2016 - "Chic para mí"