El fruto prohibido - James Hadley Chase


Título original: You find him - I'll fix him
Editorial: RBA
Género: Novela negra
Traductor: Ramón de España
Páginas: 256 páginas
Publicación: 1956
Valoración: Muy recomendable


Sinopsis

Ed Dawson lleva una apacible vida en Roma como corresponsal de un periódico neoyorquino propiedad de Sherwin Chalmers, un multimillonario apasionado por el trabajo y las mujeres hermosas. La vida del periodista se complica cuando tiene que ejercer de niñera de, Helen: la hija del magnate; una estudiante de arquitectura que va a trasladarse a la capital italiana. Esta nueva ocupación no es excesivamente compleja hasta que aparece el cadáver de una joven. Dawson se ve envuelto en una turbia historia que lo arrastra al mundo de la mafia como sospechoso principal de un hipotético asesinato. 




Reseña

Pese a que el título en español pueda inducir al lector a que tiene entre manos un libro con base erótica explícita, El fruto prohibido es una novela negra de los pies a la cabeza; de las que actualmente se escriben pocas. Desde el inicio, los textos se transforman en una gran sala de cine. Sobre todo, por el magnífico retrato psicológico de sus personajes. Las descripciones son tan minuciosas que te hacen sentir como un intérprete más de esa historia sin altos ni bajos hasta que irrumpe un cisma enloquecedor.

La trama se desarrolla en un tórrido verano romano que introduce un clima de pura insinuación. Helen se presenta como una jovencita retraída y poco atractiva que el periodista olvida por completo. Sin embargo, cuando la ve en una fiesta, transformada de lleno, el asunto cambia por completo. Pese a que sale ileso de las múltiples sugerencias de Helen, al final cae en sus redes...

Se quedó mirándome. La invitación que podía leerse en sus ojos me aceleró el corazón. Se inclinó hacia mí, entreabriendo sus labios carnosos y rojos. Antes de saber lo que estaba haciendo, ya la tenía en mis brazos y la estaba besando.”...

Esto es todo lo que sucede en esa relación vedada. –De aquí que RBA deseara tentar al público con la traducción del título original que vendría a significar: Lo encuentro, y lo arreglaré. El fruto prohibido es una comparativa provocativa y metafórica de la manzana pecaminosa que mordió Adán incitado por Eva—. No obstante, la pareja hace planes para residir en una villa marítima del país. Cuando el obnubilado periodista llega al palacete, en vez de encontrar a Helen esperándolo, descubre su cadáver despeñado por un acantilado;  en lo que puede ser un accidente fortuito, un suicidio o, quizá, un homicidio. El miedo bicéfalo e irracional de Dawson a parecer un asesino y, a la vez, de haber pecado, hacen que huya e intente eliminar todas las pruebas que puedan incriminarle.

Días después, la policía da por cerrado el caso como un desafortunado accidente. No obstante, su jefe le pide que prosiga la investigación; desde su punto de vista puede tratarse de un asesinato –Helen estaba embarazada—. Por su parte, los carabinieri revisan el sumario. Dawson pasa de ser un periodista a ser el detective privado que aparece como sospechoso principal. Para probar su inocencia tendrá que llegar hasta el fondo del asunto.



En poco tiempo, Dawson se verá inculpado por asesinato, encañonado por un revólver, noqueado por un gánster y en medio de un tumultuoso clan dedicado al contrabando de drogas. Fruto prohibido posee una mezcla de suspense contenido y acción puntual escalofriante que mantiene al lector en la mira telescópica de todas y cada una de sus páginas...

Hubo seis segundos de espera; luego la puerta se abrió cautelosamente. Vislumbré el rostro fofo y sin afeitar de Sarti antes de que pudiera cerrar de golpe la puerta.
Carlo estaba listo para este movimiento. Levantó la rodilla y golpeó el panel de la puerta contra Sarti que emitió un pequeño gruñido de temor y de dolor. Quedó sentado en el piso del hall. Carlo entró, me dejó pasar, luego con un puntapié cerró la puerta.
Se adelantó y tomó a Sarti por el cuello. La corbata se ajustó en derredor del grueso cuello de Sarti y su rostro se volvió púrpura. Éste golpeó a Carlo débilmente en la cara; su pequeña mano regordeta hacía la misma impresión a Carlo de lo que haría un martillo de goma en un pedazo de roca.
De pronto Carlo aflojó la corbata y le dio un violento empellón a Sarti. Éste fue retrocediendo a través de una puerta hasta una pequeña habitación. Chocó contra una mesa tendida para comer, y él y la mesa dieron contra el piso.
Yo permanecía a un lado, observando.
Carlo recorrió la habitación, con las manos en los bolsillos del pantalón, silbando despacio.
Sarti estaba sentado frente a los restos de su almuerzo, la cara del color del queso Camembert maduro, los ojos sanguinolentos desorbitados.
Carlo se dirigió a la ventana y se sentó en el antepecho. Sonrió a Sarti.
—Escucha, gordito. Este tipo es amigo mío —me señaló con el pulgar— si alguien va a perseguirlo, seré yo. No te lo advertiré una segunda vez. ¿Has comprendido?
Sarti asintió con la cabeza. Se chupó los labios, trató de decir algo pero no pudo articular palabra.”...

Me agradó tanto que ya he leído El secuestro de Miss. Blandish. Mucho más intensa. En ambas, existen ciertas similitudes; quizá la firma del autor: las mujeres hermosas siempre son problemáticas y el periodismo de telón es un hilo conductor magnífico para desarrollar una novela negra. Desde mi humilde punto de vista, a James Handey le gustaba retratar a las femmes fatales como si fueran caperucitas y a los lobos como si fueran verdaderos Aliens devoradores.

©Anna Genovés
21/05/2016

The Asteroids Galaxy Tour - The Golden Age




Refranes: la tradición popular

Desde chiquita me crié escuchando esas rimas tan graciosas cuyo significado se me escapaba en numerosas ocasiones.

Mi madre, toda ella muy capitalina, nacida en el primer cuarto del siglo XX. Madrileña hasta la médula, y por ende castellana, estaba acostumbrada a escucharlos y a soltarlos; siempre los tenía en la punta de la lengua.

A medida que fui creciendo, empecé a imitarla. Yo comenzaba a decirlos y ella me ayudaba a terminarlos. Un día le pregunté: «Mami, ¿por qué sabes tantas adivinanzas?». No son adivinanzas, son refranes –me contestó—. Y volví a preguntar: «¿Qué son los ‘frefranes’? –ella rió a carcajada limpia porque siempre me inventaba palabras o tergiversaba las colocación de las letras.

Me hizo repetir la palabra un montón de veces, y, después, me contestó que su tatarabuela ya las sabía. Habían pasado de generación en generación y formaban parte del saber popular de nuestros antepasados. Sobre el significado, me comentó que era un juego de palabras que encerraban una verdad contundente.

Me acostumbré a ellos tanto como a merendar Nocilla. En la adolescencia, parecía un papagayo repitiéndolos como el catecismo. Todavía los utilizo pese a que estén en desuso. Cuando mi madre se hizo mayor y comenzó a olvidarlos, jugábamos a la inversa: yo decía el principio y, ella, si lo recordaba, el final. Así quedó el asunto.




Ayer, al coger un catálogo del supermercado Aldi, vi que estaba repleto de refranes. Fue divertido. Pensé: «Caray, ¡que sabio es el refranero español!». Y, heme aquí, tecleando un artículo sobre los mismos; desde luego, se lo merecen. Sin embargo, ¿comprendemos su significado y sabemos de dónde provienen? Rebuscando por el todopoderoso Internet, he encontrado numerosas entradas, y he recogido un poco de cada. Aquí os dejo el resultado.  

·       Refrán: adagio, dicho, aforismo, agudeza, apotegma, máxima, proverbio, sentencia...

Un refrán es una frase corta cuyo significado expresa un consejo útil en la vida cotidiana o simplemente resume los hechos o situaciones conocidas por el pueblo. Su origen es antiquísimo y han existido en la mayoría de culturas a lo largo del tiempo. Por tanto, podemos decir que son atemporales. Como refranes en la lengua española, datan del siglo XV y son descendientes de las estrofas de Los Cantares de Gesta que los juglares divulgaban durante el Medievo entre la población. Contaban las hazañas heroicas de los personajes importantes, en una sociedad mayormente ágrafa.


Hay aforismos que aconsejan y otros que aseveran un hecho conocido. Aunque, en numerosas ocasiones, pueden acoplarse a los dos apartados. Sin olvidar que en cada país o incluso región de una misma nación, existen variantes.




Algunos ejemplos, significado y procedencia de las máximas que aconsejan:

·       «Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo». Es como decir que se nos recomienda permanecer abrigados hasta estar seguros de que ha desaparecido el frío. Su origen es muy antiguo.
·       «Al mal tiempo, buena cara». Su procedencia se sitúa a mediados del s. XIX en Polonia; parece ser que un mendigo calamitoso la repetía con una hermosa sonrisa, pese a todas sus desgracias.
·       «En boca cerrada no entran moscas». Aunque hay muchas dudas, se cree que un campesino le dijo al rey Carlos V que mantuviera la boca cerrada porque en esas tierras las moscas eran muy insolentes. Actualmente, prevalece como la insolencia de las personas que hablan demasiado.
·       «Cargar con el mochuelo». Este dicho denota que tenemos entre manos un asunto enojoso y difícil en contra de nuestra voluntad. Se cita como origen la estancia de dos jóvenes en una posada cuya única comida era una perdiz y un mochuelo. Uno le dijo al otro, o te comes la perdiz y yo al mochuelo. O me como la perdiz y tu cargas con el mochuelo. No hay más.
·       «Aunque la mona se vista de seda, mona queda». Si bien proviene de la fábula de Tomás de Iriarte La mona, indica la banalidad de disfrazar la naturaleza de las personas ya que, a la larga, se descubre tal cual son. ¡Amigos esta nos viene de perillas a todos. ¿Quién no utiliza Photoshops o está tentado en usarlo para embellecerse o rejuvenecerse? Es lógico. Cosas de humanos...
·       «A río revuelto, ganancia de pescadores». Común entre pescadores, alude a que se pesca más en el agua turbia que en la clara. Quizá porque en la turbia los peces se ciegan y es más fácil que caigan en las redes. Por extensión, en humanos sucede algo parecido. ¡Ojos con los líos que pueden liárnosla! Valga la redundancia.
·    «A palabras necias, oídos sordos». Dicen que un charlatán se acercó a Aristóteles y, después, fue a disculparse. Este respondió que mientras hablaba, él pensaba en cosas más interesantes.
·       «Más vale tarde que nunca». El filósofo griego Diógenes, ya anciano, le soltó este proverbio al que debía ser su profesor de solfeo y se negaba a ello por lo avanzada de su edad. Todavía perdura.
  


Ejemplos y significado de los dichos que aseveran un hecho conocido:

·    «En abril aguas mil». Asevera que en el mes de abril, por lo general, llueve bastante. Sentencia conocida desde hace muchísimos siglos.
·       «Estar de buena o mala Luna». Conocido desde antiguo y relacionado con las deidades lunares, significaría algo así como tener un carácter muy voluble, tanto como las facetas lunares.
·     «Cada palo que aguante su vela». Proviene de un dicho marinero que alude al mástil fijo que sujeta la vela. Su significado es muy sencillo: cada cual tiene que resignarse con su suerte y responsabilizarse de sus actos.
·      «En casa del herrero, cuchillo de palo». De origen incierto, señala que, a veces, falta cosas en el lugar donde nunca deberían de faltar. 
·       «A buen entendedor, sobran palabras». Se le escuchó decir a Plauto. Viene a señalar que quien posee cerebro no necesita largas explicaciones para comprender algo. 

Como este artículo es eterno, me plató con el refrán preferido de mi madre: «De Madrid al cielo y un agujerito para verlo». ¡Ojalá que vea su ciudad desde las nubes de algodón y las estrellas de fuego!

¡Feliz mayo!

©Anna Genovés
08/05/2016

The Handsome Family – Woodpecker